Antes de poder hablar concretamente sobre el TLP, es importante entender qué es la personalidad y cuándo se puede hablar de trastorno.

La personalidad es el conjunto de los rasgos que mejor describen el modo de ser, de estar y de comportarse habitualmente de un individuo. Y gracias a esto, es posible predecir con bastante exactitud su funcionamiento en otros contextos, actividades o situaciones vitales. Los rasgos de personalidad sólo constituyen trastornos de la personalidad cuando son inflexibles y desadaptativos y cuando causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo.

Una vez que conocemos esto, se puede hablar sobre el Trastorno Límite de la personalidad. A nivel general, se podría definir como un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad, y una notable impulsividad que comienza al principio de la edad adulta y se da en diversos contextos. De los trastornos de la personalidad es el más prevalente, entorno al 2% de la población lo padece.

El DSM-V (manual de diagnóstico de los trastornos mentales) habla sobre las características que tiene que tener una persona para poder ser diagnosticada por un especialista de trastorno límite de personalidad. Algunas de estas características son:

– Esfuerzos desesperados para evitar sentirse solos (sea real o imaginaria esta realidad).

– Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre “idealizar a los otros” y “odiarlos”.

– Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de cómo se ven a sí mismos y del concepto que tienen de ellos mismos.

– Impulsividad: que se puede observar porque llevan al límite conductas como el sexo, el consumo de drogas, la conducción temeraria o los atracones alimentarios.

– Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o comportamiento de automutilación.

– Inestabilidad emocional: tan pronto se encuentran tremendamente tristes, ansiosos o irritables, como excesivamente felices.

– Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira.

– Sensación crónica de vacío.

 

Es importante comentar, que aunque estos son los criterios diagnósticos, suele ser difícil encontrar personas que manifiesten la sintomatología propia del trastorno Límite de una forma parecida. Por ello, es importante centrarnos en cada caso, y realizar una buena evaluación y diagnóstico a nivel descriptivo y funcional.

En relación al tratamiento, para este tipo de casos lo ideal es un tratamiento combinado, es decir, psicoterapia junto con tratamiento farmacológico (se suelen utilizar ISRS y antipsicóticos atípicos).

En el tratamiento psicológico, hay que tener en cuenta que uno de los grandes retos en este tipo de casos es crear una buena alianza terapéutica, la inestabilidad emocional que viven las personas con  TLP y las dificultades relacionales, llevan a muchas controversias también en el proceso terapéutico, por ello es importante desde un primer momento explicar el encuadre y los límites de la terapia.

En relación a los objetivos de intervención, autores como Millón, Linehan y Young sugieren que el tratamiento debe centrarse en establecer un claro sentido de la identidad, mejorar la capacidad para controlar las emociones y cambiar las creencias y los supuestos inadaptados. Por tanto, el tratamiento cognitivo-conductual suele ser uno de los enfoques de elección, ya que es necesario trabajar tanto a nivel conductual, como  a nivel emocional y cognitivo.

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  • María Andreu Díaz
    María Andreu Díaz

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  • María Andreu Díaz
    María Andreu Díaz

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