La alimentación es una de las funciones corporales fundamentales para el desarrollo saludable de los niños. En un primero momento los niños se alimentan a base de una dieta exclusivamente láctea, pero en poco tiempo pasan a incorporar toda una gran cantidad de alimentos con sus diferentes sabores y texturas. En este proceso, además, se adquieren una serie de hábitos culturales relacionados con la conducta de comer, como: permanecer sentado, comer con cubiertos o masticar con la boca cerrada, entre otros. En este proceso se pueden producir diversos problemas, la mayoría pueden resolverse sin necesidad de intervención específica, pero hay otros que necesitan una intervención especializada.

Antes de comentar los diferentes problemas de alimentación por los que sería conveniente pedir ayuda, es importante conocer cuáles son normalmente los alimentos de rechazo y las preferencias en las distintas edades.

Además, también suele ser común que a partir de los 3 años un niño ya sea autónomo a la hora de comer. Si la enseñanza ha sido adecuada, comerá él solo con sus cubiertos y será capaz de permanecer sentado durante los tiempos de comida.

Los principales problemas de alimentación en la infancia son los siguientes:

  1. Pica: Cuando el niño de forma persistente (durante más de un mes) ingiere alimentos no nutritivos y con frecuencia nocivos (Ej. tierra, pintura, cabellos, excrementos, etc.). Es a partir de los dos años cuando se entiende que si el niño emite esta conducta estaríamos ante una situación problemática.
  1. Trastorno de rumiación: Se puede hablar de este trastorno cuando el niño manifiesta regurgitación repetida de alimentos por periodo mínimo de un mes. Los alimentos regurgitados pueden volverse a masticar, a tragar o se escupen. Es importante tener en cuenta, que los alimentos regurgitados no se deben a la presencia de arcadas o vómitos, sino que de una forma voluntaria el niño hace movimientos preparatorios (giro de cabeza, arqueamiento de espalda, etc.).
  1. Trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos: Cuando hay una falta de interés aparente por comer o alimentarse; una evitación a causa de las características de forma, textura, olor o sabor del alimento; o una preocupación por las consecuencias repulsivas de ingerir dicho alimento. Todo esto debe causar un fracaso persistente en cumplir con las necesidades nutritivas y/o energéticas, que se manifestará en uno o varios de los hechos siguientes:
    1. Pérdida de peso significativa (o fracaso para alcanzar el aumento de peso esperado o crecimiento escaso en los niños).
    2. Deficiencia nutritiva significativa.
    3. Dependencia de alimentación enteral o de suplementos nutritivos por vía oral.
    4. Interferencia importante en el funcionamiento psicosocial.

Además de estos trastornos, existen los problemas menores de alimentación. Son problemas más o menos cotidianos que normalmente no llegan a cronificarse, ni a presentar complicaciones que pongan en peligro la vida del niño. Pero que frecuentemente generan un problema para el equilibrio familiar y para la adaptación escolar del niño, y por ello pueden requerir intervención psicológica.

Hablamos de problemas leves, como puede ser: rechazar algunos alimentos (ya sea por el tipo –verdura, carnes, pescados…-, o la textura), lentitud al comer, formación de “bolos” tras la masticación prolongada, dificultad para tragar, vomitar después de comer, levantarse continuamente de la mesa o tener comportamientos desajustados en los momentos de la comida.

En caso de que el menor tenga algunos de los problemas mencionados con anterioridad se recomienda que solicite ayuda. En primer lugar puede acudir a su médico de referencia y en caso de que se descarte cualquier problema físico, lo recomendable sería pedir ayuda psicológica.

Dejar un comentario